Palmas para tres-Por Pablo Suárez

Tres jóvenes directoras argentinas estarán presentes con sus nuevas películas en la 60ª edición del prestigioso festival de Cannes a realizarse entre el 16 y el 27 de mayo: Lucía Puenzo exhibirá su ópera prima XXY, Ana Katz presentará su segunda película Una novia errante, y Sandra Gugliotta participará del festival francés con su segunda película Las vidas posibles, recientemente exhibida en el Festival Internacional de Cine Independiente (BAFICI).

Masculino, femenino
“XXY es una película acerca del despertar sexual de una adolescente hermafrodita, y, aunque hubo mucha investigación médica, no intento exponer un caso clínico, no va por ese lado. Es la historia de Alex, una chica de 15 años cuyos padres se animaron a no operarla al nacer, que es lo que hacían hasta hace muy pocos años con todos los chicos con diferentes diagnósticos de intersexualidad. Se tendía a operarlos, a “normalizarlos”, una palabra horrible que implica una castración, a llevarlos a todos al universo de lo femenino amparándose que eran cirugías necesarias para el devenir psicológico de estos chicos en su adultez”, dice Lucía Puenzo.
Sin embargo, según la investigación que realizó la directora, la realidad resultó ser otra muy distante a esa aberrante fantasía de normalización sanadora. Los propios testimonios de los chicos operados dan cuenta de seres destrozados psicológicamente y con el cuerpo lleno de cicatrices. Sus primeros recuerdos de la infancia son recuerdos ominosos de numerosas intervenciones médicas, secretos y aislamiento. “Queda claro que las cirugías son “soluciones” cosméticas para tranquilidad de un mundo dividido de manera binaria en hembras y machos. Gracias a los testimonios de los chicos y a la lucha de todos los intersexuales, algunos padres se animan a no operar a sus hijos y, en cambio, los regulan hormonalmente para que no sufran desfasajes significativos. Otros ni siquiera les dan hormonas. Deciden no tocarles sus cuerpos para que cuando lleguen a la pubertad ellos decidan qué quieren ser, hombres o mujeres”.
Tanto el mundo de la adolescencia como el de la infancia están ya presentes en la obra literaria de Puenzo, donde los adultos ocupan un lugar como de coro, acompañando a los chicos, siempre en el centro. En la novela El niño pez (2004), las dos protagonistas son chicas; en 9 minutos (2005), el protagonista es un adolescente, y en La maldición de Jacinta Pichimahuida, publicada este mes por Interzona, todos los chicos son protagonistas, chicos de 8 años en el pasado pero también chicos de 30 años hoy. Y también son chicos, pero de la calle, los personajes de su telefilm Invisibles (2005).
“En El niño pez y en 9 minutos aparecen también los temas del intersexo de diferentes maneras. La búsqueda de una identidad y una sexualidad es un tema que a mí siempre me interesó. Porque me parece que está en el centro del mundo. ¿Dónde pararse como seres sexuales en el mundo? Siempre me interesó abordar este tema desde diferentes lugares. En un principio, sabía poco y nada del mundo de la intersexualidad. Sabía de lo que había leído y, más que nada, de los años de letras de la mitología antigua recordaba al hermafrodita, que siempre, para mí, había sido un plusválido más que un minusválido, era una figura muy fuerte, poderosa”.
Y la literatura fue también, en parte, el punto de partida para XXY. Esta vez fue un cuento corto, Cinismo, de Sergio Bizzio. Y por el lado del cine, el documental austriaco Octopus Alarm, sobre la vida de Alëx Jurgen, joven hermafrodita de 26 años, exhibido en el festival de Berlín 2006. Lucía Puenzo descubrió el documental cuando ya estaba escribiendo la sexta versión del guión de XXY, con su protagonista, la adolescente hermafrodita…también llamada Alex. Semejante coincidencia ameritaba, al menos, un encuentro. Lucía le envió el guión a Alëx y, al poco tiempo, se encontraron en París, donde estaba residiendo la directora, becada por la Cinema Fondation para el desarrollo del guión de su ópera prima.
“Alëx resultó ser una persona interesantísima, completamente andrógina. El documental va mostrando varios años de sus vida, con etapas más masculinas y otras más femeninas, pero siempre siendo una chica bastante masculina. Primero quiere ser un hombre y se viriliza mucho, después quiere ser mujer, y es muy femenina, pero finalmente termina haciendo el recorrido de regreso porque se da cuenta que tampoco es un hombre. Se da cuenta de que tiene que aceptar su condición de intersexo, y se convierte en una persona más andrógina”.
En XXY, Alex, a sus 15 años, está viviendo momentos de mucha confusión: dejó de tomar corticoides, quiere virilizarse y eso asusta mucho a su madre, quien trae a un cirujano plástico a la casa - y el peligro de una operación. Un caldo muy espeso en el que Alex va a decidir quién quiere ser. Identidad y amor. Porque XXY es, en realidad, una historia de amor entre dos chicos, sólo que uno de ellos es hermafrodita. El otro, Alvaro, es un adolescente de 17 años que lentamente está descubriendo su homosexualidad.
En Cinismo, el cuento de Sergio Bizzio que dio origen, al menos en parte, a XXY, el tono era de comedia, pero a medida que Lucía Puenzo comenzó a desarrollar su guión, el tono se fue corriendo de la comedia para acercarse más al drama intimista de un estudio de personajes. Como explica Lucía: “Creo que el tono se fue transformando porque en la lucha por definir una identidad no hay mucha comedia, sino que, en general, hay mucho dolor y mucha soledad, más allá de que estos sean personajes tan fuertes que pueden reírse de muchas desgracias que les han pasado”, y agrega: “De hecho, los médicos genetistas con los que hablé tenían una mirada muy crítica hacia los padres que operaban a sus hijos. Incluso mi escritura se empezó a poner muy crítica con estos padres que les habían tocado el cuerpo a sus hijos. Lo importante es respetarse el cuerpo y que estos chicos no aprendan que la identidad es algo que se paga con el cuerpo. Que para ser mujer no hay que amputarse una parte del cuerpo. Porque no es así”.
El elenco de XXY reúne nombres ya reconocidos dentro del terreno del cine independiente con otros nombres que están comenzando a encontrar un lugar de pertenencia: Inés Efrón (Glue, Cara de queso) es Alex, Martín Piroyansky (Sofácama) interpreta a Alvaro, mientras que Ricardo Darín y Valeria Bertuccelli son los padres de Alex, y Germán Palacios y Carolina Pelleritti, los de Alvaro. XXY fue filmada en Octubre del 2006 en Piriápolis, Uruguay, con el apoyo de la productora argentina Historias Cinematográficas, la española Wanda Visión y la francesa Pyramide, el Fond Sud, el INCAA y el ICAA.

El amor en fuga
“Una novia errante es una mirada sobre el mundo del amor, un mundo que, actualmente, no tiene mucha prensa. Creo que en mucho cine de hoy se tienden a evitar las escenas intensamente amorosas por acusarlas de pomposas, grandilocuentes o artificiales. A mí me parece, y quizás sea una opinión muy personal, que hoy día se miden mucho los vínculos, y hasta hay un poco de mezquindad en que los vínculos no interfieran en el camino que uno supuestamente intenta hacer en su vida. Creo que por eso hay, en general, una cosa un poco controladora sobre las escenas amorosas”, dice Ana Katz, guionista y directora de El juego de la silla (2002) acerca de su segunda película seleccionada para la sección competitiva Un Certain Regard del festival de Cannes, y que será estrenada en Argentina el 7 de junio. Y agrega: “En ese sentido, creo que Una novia errante es un acto más libre, más bruto también, porque va en otra línea de lo que me parece que predomina en el cine contemporáneo”.
Es que la génesis de Una novia errante proviene, nada más y nada menos, que del deseo de reflexionar sobre un estado de ánimo: “Es una reflexión sobre ese estado de ánimo que implica pasarse largos minutos mirando el teléfono, y que después deriva en hacer 15 llamadas insistentes, una tras otra. Es cuando el estado de enamoramiento se transforma en una tortura, en un estado de caos y indefensión, y rompe con ‘el equilibrio’, que está tan de moda. Siento que hay cierta sobre valoración del equilibrio, que todo está muy medido. Nadie está muy equilibrado, eso es cierto, pero hay una sobre valoración del poder benéfico del equilibrio. Creo que se habla mucho de ‘lo bien que hace estar balanceado en la dieta’, ‘lo bien que hace encontrar una armonía en las relaciones’, siempre como hablando de tonos medios. Y la película es una historia que toca notas más chirriantes, aquellas notas que cualquier persona intenta disimular en lo social en relación al amor y la pareja”.
La historia de Una novia errante comienza cuando Inés y Miguel se preparan para festejar su aniversario en Mar de las Pampas, fuera de temporada. Inés lo tenía todo pensado: seis días para disfrutar de saludable buen sexo, dormir hasta tarde, caminar sin rumbo por las playas ventosas, comer en lugares buenos y caros, y andar a caballo. Iban a ser 6 días de felicidad pura. Pero una discusión aparentemente trivial cambia todo el plan. Miguel abandona a Inés y esos seis días que iban a ser un idílico viaje de pareja se transforman en un tragicómico viaje interior de Inés, instalada en Mar de las Pampas, sola.
“Hay un referente célebre para mí que es Ana Magnani en el cortometraje Amore, de Fellini, que es alucinante, y narra una última conversación telefónica de la protagonista con un hombre que la está abandonando. El tema, el amor y los sufrimientos del amor, es algo universal. No hay nada que tenga que ver con sentir una temperatura actual de la vida de Buenos Aires, no buscaba eso” dice Ana Katz, y agrega: “Tampoco buscaba una mirada desde la psicología en términos de investigar una obsesión romántica. Muchas veces, el tratamiento que se le da a la psicología es culpable de generalizar demasiado situaciones que son interesantes de por sí, en su pureza, no en su análisis. La película no intenta explicar nada, más bien expresa un estado puro”.
Inés, la novia errante, es una idealista, muy emocional y ciega. Una mujer enamorada. Un estado de enamoramiento asociado, por lo general, a una sensibilidad femenina. Pero no necesariamente, como lo explica Ana: “Me sorprendió que muchos amigos varones que vieron la película se sintieron muy identificados con Inés, realmente no me lo esperaba. Pero, me alegró, porque realmente creo que los lugares de lo femenino y lo masculino en el amor ya no están tan pre-establecidos. Creo que para la generación de nuestros padres, asumir una emoción, en lo masculino, era un acto difícil. Ahora eso cambió mucho y ya no se habla de esos hombres que se comenta en la familia que nadie nunca los vio llorar. En ese sentido, la película está más anclada en un mundo masculino y femenino más actual, donde los límites están más difuminados”.
“Más que nada, me interesaba narrar esta historia desde una mirada de mucho cariño, pero también hay crudeza. No hay una mirada benevolente o protectora hacia la protagonista. Tampoco hay nada cínico, no hay condena ni juicio a los personajes. No es una película narrada desde la psicología, desde la intelectualización, sino desde lo afectivo, desde el estado afectivo del personaje”.
Ana Katz es la novia errante y Daniel Hendler, el novio abandónico. Catherine Biquard, Arturo Goetz, Marcos Montes, Carlos Portaluppi, Erica Rivas, Silvina Savater, Nicolás Tacconi, y Violeta Urtizberea completan el elenco. La producción está es de Ana Katz con Carolina Konstantinovsky en coproducción con Flehner films y Media Pro. Recibió el Premio “Work in Progress” del Buenos Aires Festival de Cine Independiente (BAFICI) y el Premio de la sección de 'Cine en Construcción' del Festival Internacional de cine de San Sebastián, (2006).

Los amantes
“Las vidas posibles comienza con la historia de una pareja. Él se va de viaje de negocios, un viaje común y corriente, pero desaparece y no vuelve. Entonces ella lo sale a buscar al último lugar donde se supone que él se fue, que es en la Patagonia, en Calafate. Ella lo busca pero no lo encuentra y, en cambio, lo que encuentra es absolutamente inesperado para ella. Y a partir de entonces, la película toma un cariz que permite distintas lecturas. Y creo que todas las lecturas son válidas. La idea es que uno pueda, como espectador, entrar a la película por distintas interpretaciones, y que esas interpretaciones puedan tener su propia lógica”, cuenta Sandra Gugliotta, guionista y directora de Un día de suerte (2002) acerca de su segunda película Las vidas posibles, que será exhibida en el Pavillon Cinémas du Sud del festival de Cannes. Y agrega: “Alguien podría pensar que lo que la protagonista encuentra está en el territorio de la mente, que es imaginario, y ésta es una posibilidad que tiene su lógica. Otros podrían pensar que su pareja es un desgraciado y que la está engañando. Las posibles interpretaciones no se invalidan entre sí”.
A diferencia de su ópera prima, que estaba anclada en una clave realista-naturalista con cierto parentesco con la estética del documental, la segunda película de Gugliotta “está mucho más vinculada al mundo de la mente, y de lo cinematográfico puro, por eso para mí, como autora, los protagonistas son identificables por ciertas características: viven en Buenos Aires, son de clase media, llevan una típica vida urbana, pero el anclaje social no es realmente importante. Lo que pasa podría estar sucediendo en cualquier lado”, dice Sandra. “Es que en esencia es una película que tiene que ver con el amor, sin fronteras geográficas. Y también con la idea de quién es el otro para uno. La pregunta sería: ¿Qué ves cuando me ves? ¿Qué es el otro para mí? ¿Quién es este otro al que amo?”
Preguntas existenciales de tamaña naturaleza no pueden tener respuestas concretas, y eso es algo que Gugliotta privilegió a la hora de pensar la construcción narrativa que, en cambio de tener una voluntad de clausura del relato, busca ampliar la construcción de sentidos posibles. En palabras de la directora: “Creo que lo más me gustó fue trabajar sobre distintas lecturas y por eso la película tiene a la ambigüedad como eje principal. Tal cosa puede ser una cosa o puede ser otra, ¿Es real lo que estoy viendo? ¿O me lo imagino? ¿Cuánto hay de realidad? En la literatura hay muchos referentes de esta naturaleza, en Borges y en Cortázar, por ejemplo, que transitan territorios ambiguos. A mí me encanta esta línea, es algo que me apasionó desde siempre. Desde lo estructural y narrativo, no tiene nada de fácil. El registro, tanto en lo visual como en las actuaciones, es algo muy delicado, de mucha sutileza”.
De todas las posibles historias de amor, ésta que narra Gugliotta está en uno de los terrenos más dolorosos y, a la vez, más reconocible: el de la obsesión romántica. “Definitivamente, es la historia de una obsesión. Es ella la que está obsesionada, no él. Es un amor obsesivo, sin duda. Y parece que muchas veces los amores son amores obsesivos, pero la verdad es que yo espero que existan amores más sanos. Un tipo de amor donde uno pueda convivir, desarrollarse, ser feliz, completarse, construir y vivir la parte luminosa de la vida. No quiero parecer New Age, pero es lo que realmente siento. Aunque estos personajes, los de Las vidas posibles, tienen un poco de oscuridad”, dice Sandra.

“El personaje protagónico masculino te da muy poca información sobre sí mismo, es un hombre bastante misterioso – inclusive para su pareja. Es un hombre del que prácticamente no sabés nada, por eso siempre hay como un enigma alrededor de él. Yo quería mantener cierto misterio, que el espectador nunca pudiera saber muy bien quién es él. Por eso había que mantener una delgada línea entre eso y, a su vez, hablar de un tipo que lleva una vida normal en el sur de Argentina. Y su mujer es una mujer muy emocional, que se siente llevada por lo que le está pasando. Es una mujer que toma decisiones, alocadas, pero toma decisiones al fin. Y decide ir a buscar a su pareja, que se fue como quién se va a comprar cigarrillos y no vuelve más”.
En Las vidas posibles, Germán Palacios (El sueño de los héroes) es el hombre que desaparece y Ana Celentano (En ausencia) la mujer que va en su búsqueda. El elenco se completa con Natalia Oreiro, Osmar Nuñez, Marina Glezer, Guillermo Arengo, Ezequiel Díaz y Ricardo Mourelle. Sandra Gugliotta escribió el guión – con la colaboración de Pablo Fendrik – y la produjo junto a Víctor Cruz, en co-producción con Fieber Films, Clarens Grollman y 16M. La producción ejecutiva es de Juan Pablo Gugliotta.

Fuente : Artemisa Noticias-15-05-2007

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