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Estudios de género/ perspectiva de género, Por Susana Gamba

Estudios de género/ perspectiva de género

En los últimos años se produjo un impor¬tante avance en las ciencias sociales, al incor¬porarse los denominados estudios de la mujere como un nuevo paradigma. El género, como categoría social, es una de las contribuciones teóricas más significativas del feminismo contempo¬ráneo. Esta categoría analítica surgió para explicar las desigualdades entre hombres y mujeres, poniendo el énfasis en la noción de multiplicidad de identidades. Lo femenino y lo masculino se conforman a partir de una relación mutua, cultural e histórica. El género es una categoría trans-disciplinaria, que desarrolla un enfoque globalizador y remite a los rasgos y funciones psicológicos y socioculturales que se le atri¬buye a cada uno de los sexos en cada momento histórico y en cada sociedad. Las elaboraciones históricas de los géneros son sistemas de poder, con un discurso hegemónico y pueden dar cuenta de la existencia de los conflictos sociales. Y la problematización de las relaciones de gé¬nero logró romper con la idea del carácter natural de las mismas. Lo femenino o lo mas¬culino no se refiere al sexo de los individuos, sino a las conductas considera¬das femeninas o masculinas. En este contexto, la categoría de género pue¬de entenderse como una explicación acerca de las formas que adquieren las relaciones entre los géneros, que algunos consideran como una alternativa superadora de otras matrices explicativas, como la teoría del patriarcado (ver Patriarcado). Se sostiene que (aunque la incorporación del concepto de “patriarca¬do” constituyó un avance importante para explicar la situación de las mujeres) re¬sultó insuficiente para comprender los procesos que ope¬ran dentro de la estructura social y cultural de las sociedades, condicionando la posición e inserción femenina en realidades históricas concretas.
Según Marta Lamas, aún cuando ya en 1949 apa¬rece como explicación en El segundo sexo de Simone de Beauvoir, el término género sólo co¬mienza a circular en las ciencias sociales y en el discurso feminista con un significado pro¬pio y como una acepción específica (distinta de la caracterización tradicional del voca¬blo que hacía referencia a tipo o especie) a partir de los años setenta. No obstante, sólo a fines de los ochenta y comienzos de los noventa el concepto adquiere consistencia y comienza a tener impacto en América Latina. Entonces las intelectuales feministas logran instalar en la academia y las políticas públicas la de¬nominada “perspectiva de género”. En 1955 John Money propuso el término “papel de género” para describir el conjun¬to de conductas atribuidas a los varones y a las mujeres, pero ha sido Robert Stoller quien estableció más claramente la diferen¬cia conceptual entre sexo y género. Los sistemas de género se entienden como los conjuntos de prácticas, símbolos, repre¬sentaciones, normas y valores sociales que las sociedades elaboran a partir de la dife¬rencia sexual anatómico-fisiológica y que dan sentido a las relaciones entre personas se¬xuadas (De Barbieri, 1990). Según Gomariz, a partir de estas referencias conceptuales pueden examinarse distintos planos del conocimiento acumulado en la materia. De modo amplio podría aceptarse que constituyen reflexiones sobre género todas aquellas que se hicieron en la historia sobre las consecuencias y significados que tiene pertenecer a cada uno de los sexos. Para Gomariz puede denominarse como “estudios de género” el segmento de la producción de conocimien¬tos que se ha ocupado de ese ámbito de la experiencia humana.
La “perspectiva de género”, en referencia a los marcos teóricos adoptados para una in¬vestigación, capacitación o desarrollo de políticas o programas, implica: a) reconocer las relaciones de poder que se dan entre los gé¬neros, en general favorables a los varones como grupo social y discriminatorias para las mujeres; b) que dichas relaciones han si¬do constituidas social e históricamente y son constitutivas de las personas; c) que las mismas atraviesan todo el entramado social y se articulan con otras relaciones sociales, como las de clase, etnia, edad, preferencia sexual y religión.
La perspectiva de género opta por una con¬cepción epistemológica que se aproxima a la realidad desde las miradas de los géneros y sus relaciones de poder. Sostiene que la cuestión de los géneros no es un tema a agregar como si se tratara de un capítulo más en la historia de la cultura, sino que las relaciones de desigualdad entre los géneros tienen sus efectos de producción y repro¬ducción de la discriminación, adquiriendo expresiones concretas en todos los ámbitos de la cultura: el trabajo, la familia, la políti¬ca, las organizaciones, el arte, las empresas, la salud, la ciencia, la sexualidad, la historia. La mirada de género no está supeditada a que la adopten las mujeres ni está dirigida exclusivamente a ellas. Tratándose de una cuestión de concepción del mundo y de la vida, lo único definitorio es la comprensión de la problemática que abarca y su compro¬miso vital.
Existe cierto consenso en que es necesario establecer distinciones entre sexo y género. El sexo corresponde a un hecho biológico, producto de la diferenciación sexual de la especie humana, que implica un proceso complejo con distintos niveles, que no siem¬pre coinciden entre sí, y que son denomina¬dos por la biología y la medicina como sexo cromosómico, gonadial, hormonal, anató¬mico y fisiológico. A la significación social que se hace de los mismos se la denomina género. Por lo tanto las diferencias anatómi¬cas y fisiológicas entre hombres y mujeres que derivan de este proceso, pueden y de¬ben distinguirse de las atribuciones que la so¬ciedad establece para cada uno de los sexos individualmente constituidos.
Aunque existen divergencias en su conceptualización, en general la categoría de género es una definición de carácter histórico y social acerca de los roles, identidades y va¬lores que son atribuidos a varones y mujeres e internalizados mediante los procesos de socialización. Algunas de sus principales características y dimensiones son: 1) es una construcción social e histórica (por lo que puede variar de una sociedad a otra y de una época a otra); 2) es una relación social (porque descubre las normas que determinan las relaciones entre mujeres y varones); 3) es una relación de poder (porque nos remite al carácter cualitativo de esas relaciones); 4) es una relación asimétrica; si bien las relaciones entre mujeres y varones admiten distintas posibilidades (dominación masculina, domi¬nación femenina o relaciones igualitarias), en general éstas se configuran como relaciones de dominación masculina y subordinación femenina; 5) es abarcativa (porque no se refie¬re solamente a las relaciones entre los sexos, sino que alude también a otros procesos que se dan en una sociedad: instituciones, sím¬bolos, identidades, sistemas económicos y políticos, etc.); 6) es transversal (porque no están aisladas, sino que atraviesan todo el entramado social, articulándose con otros factores como la edad, estado civil, educa¬ción, etnia, clase social, etc); 7) es una pro¬puesta de inclusión (por¬que las problemáticas que se derivan de las relaciones de género sólo podrán encontrar resolución en tanto incluyan cambios en las mujeres y también en los varones); 8) es una búsqueda de una equidad que sólo será posiblesi las mujeres conquistan el ejercicio del poder en su sentido más amplio (como poder crear, poder saber, poder dirigir, poder dis¬frutar, poder elegir, ser elegida, etcétera).
La generalización del concepto de género ha suscitado una polémica en torno a la conveniencia de continuar usándolo. A ve¬ces el término se ha tergiversado y banalizado en su aplicación. En algunos estudios macrosociales o del mercado de trabajo, a la desagregación por sexo se la denomina gé¬nero, pero la categoría permanece vacía. Al¬go similar ocurre cuando la palabra género sustituye a mujeres (Scott, 1990). El género requiere la búsqueda de sentido del comportamiento de varones y mujeres como seres socialmente sexuados. Marta Lamas sostiene que en América latina no hubo el suficiente debate ni una confron¬tación teórica al respecto, al menos compa¬rada con la fuerza y visibilidad con que se ha dado en el mundo anglosajón. Para Lamas (1999) un aspecto relevante a debatir es “la forma en que se manifiesta el traslape conceptual entre género y diferencia sexual: como ausencia o silencio, confusión y negación”. En el debate sobre las relacio¬nes entre hombres y mujeres, la diferencia se¬xual es un concepto básico para comprender la base sobre la que se construye el género. Según Lamas, las feministas norteamerica¬nas circunscriben la definición de diferen¬cia sexual a lo anatómico, limitándola a una distinción sustantiva entre dos grupos de personas en función de su sexo, o sea, a un concepto taxonómico, análogo al de clase social o al de raza: “Al no manejar el con¬cepto psicoanalítico de diferencia sexual, ig¬noran el papel del inconsciente en la forma¬ción de la identidad sexual y la inestabilidad de tal identidad, impuesta en un sujeto que, según Freud, es fundamentalmente bisexual. Esto tiñe las forma en que reflexionan sobre la diferencia entre mujeres y hombres, y por ello elaboran sus planteamientos teóricos a partir de la diferencia de género. Las euro¬peas, más cercanas al psicoanálisis lacaniano, suelen analizar la contradicción mujer/hombre incorporando la diferencia sexual en su complejidad psicoanalítica” (Lamas, 1999). Para esta teoría, “mujeres y hombres son producidos por el lenguaje y las prácticas y representa¬ciones simbólicas dentro de formaciones sociales dadas, pero también por procesos inconscientes vinculados a la simbolización de la diferencia sexual. Hay que compren¬der que la diferencia sexual es una diferencia estructurante, a partir de la cual se constru¬yen no sólo los papeles y prescripciones so¬ciales sino el imaginario de lo que significa ser mujer o ser hombre, por lo tanto no puede ser situada en el mismo nivel que el género” (Lamas, 1999).
Aunque no constituye una categoría cerrada, sino en pleno desarrollo, la perspectiva de género favorece el ejercicio de una lectura crítica y cuestionadora de la realidad para analizar y transformar la situación de las personas. Se trata así de crear nuevas cons¬trucciones de sentido para que hombres y mujeres visualicen su masculinidad y su femineidad a través de vínculos no jerarqui¬zados ni discriminatorios.
Susana Gamba

BIBLIOGRAFÍA
C. Amorós (1986): Hacia una crítica de la razón-patriarcal, Anthropos, Madrid.
R. Braidotti (2000): Sujetos nómades, Paidós, Buenos Aires, 2000.
T. De Barbieri (1992): “Sobre la categoría de género. Una introducción teórica-metodológica” en ISIS Internacional N° 17, Santiago de Chile.
E. Gomariz (1992): “Los estudios de género y sus fuentes epistemológicas. Periodización y perspecti¬vas”, en ISIS Internacional N° 17, Santiago de Chile.
M. Lamas (comp.) (1996): La cons¬trucción cultural de la diferencia sexual, Mé¬xico, PUEG.
M. Lamas (1999): “Género, di¬ferencia de sexo y diferencia sexual” en ¿Género?, Debate Feminista, Año 10, Vol. 20, México, edición de octubre.
J. W. Scott: “El género: una categoría útil para el análisis histórico”, en J. Amelang y Mary Nash (comp.) (1990): Historia y género: las mujeres en la Europa moderna y contemporánea, Ed. Alfons el Magnanim, Barcelo¬na.
Carcedo, Ana y Montserrat Sagot (2002): Femicidio en Costa Rica, 1990–1999, Instituto Nacional de las Mujeres, San José de Costa Rica.
Domingo, Chris (1992): “Femicide: an interview with Diana E.H. Russell”, en Off Our Backs, vol. 22, No. 7, Washington DC.
Kelly, Liz (1988): Surviving sexual violence. Polity Press, Inglaterra.

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