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La prensa de las madres-Por Sandra Chaher

Angélica no tuvo una buena historia con su mamá y yo tampoco. Y cuando una mujer se hace cargo de un mal rollo como ése, muchas cosas se aclaran pero a la vez aparece una voz que no deja de clamar amor. Cuenta Angélica que después de escribir un libro de 240 páginas en el que describía la tensión del vínculo con su mamá y creía haber ajustado definitivamente las cuentas (el libro fue publicado en el 2004, cuando Angélica ya tenía 76 años), se dio cuenta que era en verdad un intento de reconciliación. 'Ella estaba muerta hacía muchos años pero yo trataba, otra vez, de hablarle, de entenderla y de que me entendiera.' Puedo avizorar mi futuro. Durante casi veinte años peleé con mi mamá, tratando de transformarme en mujer a la vez que me desprendía de ella. En esta historia no podían ir juntas las dos cosas: madurar y seguir siendo hija. Ahora hace tiempo que no hablo con ella excepto algunos intercambios electrónicos, pero creo que no hay un día en que no siga teniendo el anhelo de un vínculo amoroso con 'una mamá', que quizá no sería la mía, pero relación de encuentro y conexión al fin.
No cuento mucho esta historia. Me fui callando cuando empecé a ver los ojos asombrados de otras mujeres al escucharme. Conozco pocas que tengan un gran vínculo con sus madres. La mayoría son al menos relaciones, mejores, o un poco más tensas, pero todas pasables como para seguir tratándose. Salvo una amiga, que un tiempo después de contarle que tenía un abismo frente a los piés pero estaba convencida, me citó en un bar a decirme que ella también había hecho cucharita cucharón.
Y entonces me puse a pensar en la prensa de las madres. No es la primera vez que lo hago. Una de las primeras ideas sobre esto me vino hace un par de años. Yo insistía en un debate conmigo, 'vuelvo o no vuelvo', y mientras deshojaba la margarita me daba vuelta la frase 'nadie quiere como una madre'. Está incompleta, pensé, 'nadie quiere como una madre y como una hija' (creo que podría ser también hijo). Yo sería capaz de perdonar todo y recomenzar mil veces, siempre esperando. Y esa fidelidad ciega me dio un poco de temor. Qué poder tienen.
Y volví sobre lo mismo cuando las mujeres de ojos enormes me escuchaban relatar desencuentros. Mujeres que eran hijas y madres como yo, y que aún aceptando los kilombos que les hacen las madres (terribles algunos, creo que saben de qué hablo), no cortan el puente. Quizá porque lo que viven no es tan grave, porque su evolución como mujeres no tiene el signo de la espada, y también porque las madres tienen buena prensa. ¿Quién se atreve a hablar mal de ellas públicamente? En este mundo donde tenemos globalización desde hace apenas décadas, ellas son una de las pocas instituciones globalizadas, y veneradas, desde el comienzo de los tiempos. Un arquetipo, dice mi terapeuta. Y los arquetipos son poderosos, como las estatuas de la isla de Pascua, siempre ahí aunque arrecien tormentas.
Hace tiempo que pensaba cuándo salir del armario con esta historia. Finalmente llegó. Y estoy tranquila. Voy a celebrar el próximo domingo con mi hija y el resto de mi familia pequeña. Mi mamá no sé qué hará porque no tiene otros hijos y mi abuela murió. Supongo que las dos nos tendremos presente amorosamente dentro de nuestras posibilidades. Y la semana siguiente quizá me encuentre con mi amiga a tomar un café en el que seguramente contaremos alguna anécdota de nuestras respectivas mamás.

Fuente : Artemisa Noticias-11-10-2009 *

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