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Aportes para Unidad Feminismos. Clase 2

Aclaración de conceptos y teorías
 Clase 2- Unidad 2: Cómo surge y que es el feminismo
Observación importante: cabe aclarar que estas líneas son para ampliar y aclarar algunos conceptos y teorías vertidas en la clase n° 2. Se trata de un punteo que de ningún modo pretende cerrar el tema. No  es necesario memorizar nombres de autores/as sobre las distintas hipótesis. El objetivo es ofrecer un marco referencial sobre algunos supuestos, muchos de los cuáles se retomarán y profundizarán durante el cursado desde  las diversas unidades (o materias).

Daremos  cuenta -de modo esquemático-de  las principales teorías planteadas  en torno a los orígenes del patriarcado, así como la situación de las mujeres en las sociedades primitivas. Para ampliar la información se ofrece la bibliografía pertinente, que en su gran mayoría se encuentra disponible para consultar en el Centro de Documentación de la Dirección General de la Mujer, Agüero 301 (Esq. Sarmiento).

Sobre los orígenes de la opresión de las mujeres
A fines de los 60, principios de los años 70, teóricas feministas consideraron que la antropología por su enfoque transcultural e histórico podía proporcionar datos y pistas respecto a los orígenes de la subordinación de las mujeres. Una de las principales tareas de las antropólogas  en los comienzos fue develar los aspectos androcéntricos  y etnocéntricos presentes en las diversas teorías.
No obstante, es necesario destacar que no existen datos certeros sobre los orígenes. Uno de los mayores escollos lo constituye la falta de información acerca de la historia de la familia en los albores de la humanidad. Los aportes de la antropología (como ciencia joven que estudia los orígenes y evolución de las sociedades) han sido muy importantes. Pero hay grandes controversias entre las y los antropólogos respecto al tema.  A fin de promover el ejercicio de un  espíritu  crítico respecto al conocimiento (tal cual lo planteara Dinora Gebennini en la primer clase) nos parece muy importante ofrecer información sobre dichas hipótesis de modo que puedan seguir indagando y llegar a tener un pensamiento propio.
Según Sara Morace  no debería ser difícil reconocer o, al menos, imaginar instituciones y comportamientos diversos u opuestos a los que relata la historia oficial. Desde hace más de un siglo el enfrentamiento en el mundo académico sobre la evolución social es acalorado. El estudio de los orígenes es un campo muy especial, ya que pone en cuestión los modos de pensar la vida y la humanidad; las relaciones entre los sexos, entre la producción y la propiedad. La ausencia de escritura no constituye un límite absoluto para el conocimiento de la vida de los hombres y las mujeres de la prehistoria y su modo de organización. Para la autora un elevado tono de  polémica divide desde hace más de un siglo a todas las ciencias que se ocupan de los orígenes,  y en el mundo académico –especialmente- prevalece la actitud defensiva y un temor por la aceptación antes que el espíritu de indagación sobre los  mismos.
Antes de enunciar  una síntesis de las principales teorías respecto a la condición de la mujer, la familia y el patriarcado en los orígenes de la humanidad queremos subrayar que en general la comunidad académica hoy  no reconoce la existencia de un matriarcado original, entendido éste como un sistema donde las mujeres detenten el poder. Al no haber registros claros sobre las comunidades originarias hay distintos supuestos. Muchas destacan  simplemente no tener conocimiento para dar cuenta de ello, y,  aunque la mayoría  reconoce la  existencia de comunidades matrilineales  y/o matrifocales/matrilocales  , en las que las mujeres eran valoradas por su papel reproductor,   no otorgan destacada relevancia  al tema.
Por otra parte,  desde otras corrientes, tanto teóricas/os marxistas, o antropólogas y cientistas sociales provenientes  del feminismo radical y/o de la diferencia, como así también arqueólogas o antropólogas cercanas a un feminismo más espiritual –como el Movimiento de retorno de la Diosa-, basadas en los fundamentos del libro de Riane Eisler, El Cáliz y la Espada , o en los textos de Marija Gimbutas - reconocen la existencia de sociedades matriarcales o matrísticas (como Sara Morace, 1999)
 en las comunidades primitivas, hasta casi fines del paleolítico.

Una de las primeras batallas entre el dogma y el descubrimiento científico se dio en el campo de la arqueología. Según el Viejo Testamento la humanidad tiene un origen divino y su existencia es muy breve (data de menos de 5.000 años). Los huesos fósiles y herramientas descubiertas en excavaciones demuestran que ese origen es mucho más remoto. Hoy el mundo científico acepta que la vida humana comenzó hace un millón de años o más, y que hubo formas subhumanas o prehumanas que precedieron al homo sapiens (y porqué no a la mulier sapiens?) (E. Reed, 1974).

La hipótesis de que ha existido una condición no subordinada de las mujeres anterior a la historia, está unida a los estudiosos del siglo XIX –Morgan, Bachofen y Engels- que fueron  muy criticados por quiénes son contrarios al matriarcado cuestionando que son antiguas. Según Morace, Reed y otras feministas (más allá de críticas puntuales a la teoría) comparten la tesis de que la instauración del patriarcado fue precedida  por una larga fase de civilización primitiva, signada por la iniciativa social de las mujeres, donde no hubo dominación. Morace no usa el término matriarcado porque –como señala Borneman - haría referencia a la otra cara del espejo de patriarcado, y que al tener el sufijo archos original, cuyo significado es dominio y poder que eran inexistentes en la época examinada. Prefiere hablar de principios matristas que regulan la socialización cooperativa primitiva. Lewis Morgan estudió durante años la organización social de los indios iroqueses del Estado de New York, descubrió la existencia de una estructura de parentesco y de relaciones entre sexos completamente diferente a la de la familia clásica y propuso una clasificación de los diversos estadios de la evolución social ligada al desarrollo de la producción. Bachofen dedicó una obra monumental a la recopilación de testimonios históricos, leyes, usanzas, mitos y leyendas, relativos a lo que define como derecho materno planteando la hipótesis de una sucesión de estadios del desarrollo de la sociedad humana en cuya base ponía un “antecedente” de desordenada libertad sexual femenina (hetairismo), seguido de un orden civilizador masculino. Engels  define el marco de referencia del surgimiento de la opresión femenina, sucesiva a un estado de igualitarismo comunitario y de división natural del trabajo entre los dos sexos y lo ubica en la fase crucial del nacimiento de la familia, indisolublemente ligado a la formación de la propiedad privada y del Estado. Muchas de las críticas hechas a cada uno de estos estudiosos la comparten feministas como Morace, Reed y otras, como el planteamiento fabulizador y moralizante de Bachofen que limita el valor científico de su trabajo, así como imprecisiones y errores de Morgan y de Engels que fueron evidenciados por investigaciones y descubrimientos posteriores. Pero esto no invalida -según estas autoras- toda su teoría, salvo que se esté en busca de una fe en la que creer acríticamente.

Rescatan que sus intuiciones fueron geniales y revolucionarias para la época en que fueron formuladas y -para muchxs-, todavía lo son en la que vivimos.
No obstante las grandes controversias en torno a los orígenes en el pensamiento académico, -aduce Morace-  prevalece la tesis de atribuir  a las mujeres primitivas  una serie de capacidades y descubrimientos tecnológicos fundamentales, aunque los vacía de contenido y omitiendo su importancia, separando unos de otros y evitando cuidadosamente referirlos a la función social colectiva desarrollada por ellas. De ese modo, según las investigaciones de las últimas décadas, hay consenso en que la invención de la agricultura fue efectivamente obra de las mujeres, pero omiten (o casi) el hecho de que se trata del avance productivo más colosal de la antigüedad. Otro aporte fundamental de las mujeres fue el del  lenguaje, la utilización y conservación del fuego y el artesanado. Datos que por separado acuerdan la mayoría de los especialistas. Según Morace el dilema es cómo se relacionan estos factores. Si lo que se busca es un equivalente de la otra cara del patriarcado, con  las mujeres en el puesto de los hombres, esto no se encuentra.
Las mujeres prehistóricas también fueron ampliamente estudiadas por Robert Briffault en su The Mothers, quien demuestra que no ejercieron el poder sobre los hombres como éstos lo hicieron sobre las mujeres en las sociedades clasistas y patriarcales posteriores.
Morace prefiere hablar  de una sociedad matrista, por los rastros que dan cuenta de un modo de vivir y cooperar diferente.  Por supuesto no existe un clan materno vivo y lozano en la actualidad que proporcione un ejemplo, muchas de las sociedades primitivas existentes hoy presentan elementos de control sobre las mujeres y, en particular, sobre su facultad reproductora, por parte de los  hombres. Porque aunque subsistan  estas sociedades primitivas no significa en modo alguno que vivan en el paleolítico.

Otra batalla la libró la teoría darwinista (denominada así en honor a su creador Charles Darwin)  de la evolución orgánica que descubrió el origen animal del hombre (y la mujer) y demostró que provenía de una rama de monos superiores. Aunque su teoría fue cuestionada posteriormente por aspectos esencialistas y biologistas que contribuyeron a fundamentar el racismo   , sin duda constituyó un aporte esencial para develar los orígenes de la humanidad desprendida de creencias religiosas.
La batalla más larga (que según algunxs autorxs continúa hoy) no se dio en el terreno religioso sino en el social. Las conclusiones de la antropología demostraban que a la sociedad de clases había precedido una sociedad totalmente distinta donde no sólo no existía la propiedad privada y la explotación de clases sino (según algunos autores como Marx, Engels, Bachofen y algunas feministas radicales) tampoco la opresión sexual.

El lento y complejo  proceso de sedentarización, la producción agrícola  a gran escala, el surgimiento de la propiedad privada -tal cual lo señala Engels- va a desterrar de a poco  esta etapa histórica (llamada matrística, matriarcado, matrilineal, matrifocal, o como se quiera denominar)en el cual las mujeres tenían un mayor poder y libertad. Otro factor que contribuye a esto es el descubrimiento del papel que juegan los hombres en la reproducción humana.


 El concepto de Patriarcado (definido con anterioridad como consejo de ancianos…) sufre ya una evolución desde el siglo XIX  por los estudios del jurista suizo Bachofen y el antropólogo norteamericano Lewis Morgan, quiénes plantearon la hipótesis de un matriarcado originario que fuera posteriormente (a fines del neolítico) reemplazado por el patriarcado.

Son las feministas radicales (como veremos más adelante cuando estudiemos las corrientes feministas) quiénes introducen el término patriarcado como herramienta clave para el análisis de la realidad y la opresión  femenina  (ellas lo  denominan dominación masculina). El patriarcado se entiende como un sistema de dominación y explotación que habría sustituido al antiguo matriarcado de las primitivas sociedades igualitaristas que no conocían la propiedad privada. Esta es la tesis que plantea Engels en El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado (1884).

Patriarcado
Los principales pilares  y o instituciones en las que se asienta el patriarcado (tal cual lo planteara Mabel Gabarra) son las siguientes: la familia, la división sexual del trabajo, el derecho (grecorromano) y la heterosexualidad obligatoria y la apropiación y control de la reproducción.

Desde las sociedades primitivas hasta hoy, una forma elemental de división del trabajo es la especialización de tareas por sexo. Esta “división sexual del trabajo” atiende a un reparto de funciones productivas condicionado por la necesidad de asegurar, a su vez, la reproducción biológica de la sociedad y el cuidado de los hijos/as que representan la futura fuerza de trabajo.
Existe división sexual del trabajo, según J. Saltzman, “en la medida en que las actividades laborales de hombres y mujeres en una sociedad -tanto dentro como fuera del hogar y la familia- están segregadas en función del sexo”. Ahora bien, la medida en que cada uno de los sexos participa de las actividades que la sociedad asigna básicamente al otro varía en el tiempo y en el espacio.
La división sexual del trabajo se traduce en la mayor parte de las sociedades en una jerarquización en cuanto a la valorización social y económica otorgada a las funciones que unas y otros desempeñan, valorización que se realiza en perjuicio de las mujeres, y que se traduce en una manifiesta desigualdad entre ambos sexos.

En las sociedades primitivas.... “La teoría etnológica clásica distingue dos formas principales de organización social, relacionadas con el modo de explotación de los recursos: la sociedades basadas en la caza y la recolección, y las sociedades basadas en la agricultura de cereales....

Ver economía agrícola, excedentes (bibliografía proporcionada en clase)
El reparto sexual de las tareas tiene que ver con la organización de la producción y, sobre todo, con el control de la reproducción. Al ser las mujeres quiénes aseguran ésta, se convierten en un medio de riqueza irremplazable y en objeto de intercambio entre comunidades homólogas, que establecen de este modo lazos estables de solidaridad mutua. La organización de la movilidad ordenada de las mujeres entre los grupos  trae aparejado su sometimiento, ya que son los hombres los que toman el control social de la reproducción, mediante la redistribución intracomunitaria de los alimentos, los niños y las mujeres (C. Meillassoux, 1977). Los hombres se apropian, además de la descendencia, del producto del trabajo de las mujeres, lo que constituye para la teoría marxista la primera forma de explotación conocida. (Ana Amorós, 1995).

Comunidad doméstica
Aparece en el período neolítico avanzado, cuando el desarrollo de la agricultura marca el comienzo de la vida sedentaria. La explotación de la tierra – que deja de ser un objeto de trabajo para convertirse en medio de producción- implicó necesariamente una organización social que permitiera la reproducción del sistema. Según Marx, esta organización social se expresa a través de la comunidad doméstica, célula base de un MODO DE PRODUCCIÓN  constituido por un conjunto de estas comunidades, organizadas entre ellas para la producción de las relaciones de producción específicamente domésticas. En este sistema, las relaciones de parentesco –mecanismo social de la reproducción biológica- juegan un rol fundamental


Gineceo
Andrée Mitchel: “fue en las clases medias de las grandes  ciudades antiguas donde nacieron el concepto y la práctica del gineceo, calificado de harén en los países árabes. El gineceo, o el apartamiento de las mujeres en Atenas, que también se encontraba entre las familias de los mercaderes judíos de Siria, constituía la forma opuesta de la corte femenina. “Cierto que la mujer era ama y señora de sus aposentos, pero como le era imposible salir de allí, hablar de su poder en la casa no tenía ningún sentido. El gineceo parece haber servido de modelo de civilización a los imperios persa y helénico en cuanto a la manera de vivir de las mujeres de un estatuto elevado. Estaba muy extendido en el Imperio bizantino y, según los autores musulmanes, a Bizancio le toca la responsabilidad de la introducción del  pudra entre las mujeres árabes (nómadas) que eran mucho más libres. Esta institución probablemente penetró en la India y en China por medio de los mercaderes griegos y persas” Elie Boulding.

Así, el encierro de las mujeres en las ciudades se efectúa en dos etapas: en una primera etapa, los que detentan la propiedad privada de la tierra y los privilegios sociales se apoyan sobre castas de sacerdotes y de militares, los primeros burócratas encargados en la defensa, por la ley o por la fuerza, de los privilegios de clase y de despojar a las mujeres de sus antiguas funciones sacerdotales y políticas.


Bibliografía de referencia:
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 Amorós Ana, “División sexual del trabajo”. En 10 Palabras claves sobre Mujer, Amorós Celia (Directora), Evd (El verbo divino), Navarra, 2002.


Anderson Bonnie S. y Zinisser Judith P. Historia de las Mujeres. Una historia propia. Volumen 1, Capítulo IV. Crítica, Barcelona, 2000.
Sociología del trabajo.

Bellotti Margarita, “Patriarcado”. En Diccionario de Ciencias Sociales y Políticas, Di Tella T., Chumbita H. Gamba S., Fajardo P.,Ariel, Buenos Aires 2009.

 Ehrenreich, Bárbara y Deirdre English. Brujas, comadronas y enfermeras. Historia de las sanadoras.    Barcelona, LaSal, 1988.   
   
Fontenla Marta, “Patriarcado” en Diccionario de estudios de género y feminismos, Gamba Susana (Coord.) Biblos, Buenos Aires, 2008.

Gamba Susana (Coordinadora), Diz Tania (Colab.), Diccionario de estudios de género y feminismos, Biblos, Buenos Aires 2008.

Gamba Susana, Feminismos ayer y hoy: historia, conceptualización y corrientes, (en prensa).

Lerner, Gerda. La creación del patriarcado.    Barcelona, Crítica, 1990.

Meillassoux Claude, Mujeres, graneros y capitales, Siglo XXI,  Madrid, 1977.

Michel Andrée, El feminismo, Fondo de Cultura Económica, México, 1983.
Capítulo “La Condición de las Mujeres desde el paleolítico hasta la segunda revolución Neolítica”, (entregado en clase 1)

Kate Millet, Política Sexual, Aguilar, México, 1975.

Mitchell Juliet, La liberación de la mujer: una larga lucha, Anagrama, Barcelona, 1966.

Morace Sara. Origen Mujer, del matrismo al patriarcado. Prospettiva Edizioni, Roma, 1999.

Puleo Alicia, “Patriarcado”. En 10 Palabras claves sobre Mujer, Amorós Celia (Directora), Evd (El verbo divino), Navarra, 2002.

Reed Evelyn,  Problemas de la liberación de la mujer, Ediciones Pluma, Buenos Aires, 1974.

Reed Evelyn,  Sexo contra sexo o clase contra clase, Fontamara, Barcelona, 1980.

Rubin Gayle.  El tráfico de mujeres: notas sobre la “economía política” del sexo en Nueva Antropología Nº 30, México, 1986.








 

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