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Feminismos en la Argentina de los 70 y los 80 por Prof. Y Mg. C. Fernanda Gil Lozano.

Dedicado a Sara Torres, protagonista de estas luchas cuyo aporte fue invalorable para la confección de esta ponencia.

Introducción
Las ideas, el programa y los métodos de la lucha del movimiento feminista latinoamericano de los últimos decenios del siglo XX fueron notoriamente influidos por las experiencias y teoría europea y estadounidense. Sin embargo, con el transcurrir del tiempo, de un tiempo de práctica social, el feminismo latinoamericano comenzó a adquirir una fisonomía propia y diferenciada. En la década del ‘70 se generaron de grupos de mujeres que, a partir de su propia reflexión de vida y traduciendo el material teórico proveniente de los países centrales, comenzaron a tomar conciencia política feminista.
En este artículo vamos a trabajar sobre dos experiencias feministas latinoamericanas durante las décadas del 70 y ‘80 del siglo XX: Argentina y Uruguay

Situación mundial
Los años ‘60 marcaron un hito en la historia mundial: el mayo estudiantil y obrero en París con sus repercusiones en toda Europa Occidental, la guerra de Vietnam y la oposición a esa guerra, la primavera de Praga, el pacifismo inconformista del movimiento hippie, la experiencia de la revolución cubana, las transformaciones de la Iglesia que se manifestaron en el Concilio Vaticano II y en su adaptación al medio americano expresado en la 2ª Conferencia del Episcopado Latinoamericano, celebrado en Medellín, Colombia (1968) y la experiencia de la “vía chilena al socialismo” de Salvador Allende entre otras experiencias, son puntos culminantes de una oleada mundial que buscaba una transformación radical de la sociedad. La idea de cambio fue parte del ambiente, podía ser pacífico o violento, pero se mostraba como inevitable.
Toda esta experiencia, una auténtica “primavera de los pueblos”, sin embargo, tendría un final frustrante. En efecto los aires de liberación en Latinoamérica se verían tronchados por sangrientas dictaduras y una ola reaccionaria, tanto en lo social como en lo ideológico cuya expresión más evidente fueron los gobiernos de Ronald Reagan y Margaret Thatcher., recorrió tanto Europa Occidental como Estados Unidos. Asimismo, la idea de una transformación interna del llamado “socialismo real” también quedaría sepultada definitivamente.
Dentro de la historia de las mujeres, los años ’60 fueron un segundo momento crucial si entendemos que las luchas por el sufragio y por reformas en las leyes civiles constituyeron el primero. Al comienzo de esta década de cuestionamientos, las mujeres todavía se veían limitadas por normas y leyes impuestas en la posguerra que implicaron un salto hacia atrás en todo lo que se refiere a los avances logrados durante la guerra.
Sin embargo algo comenzó a agitarse bajo el aparente conformismo de los jóvenes en los años ‘50. En una sociedad marcada por el consumismo que convivió con el terror al holocausto nuclear, comenzó a germinar un nuevo espíritu de rebeldía. No pasaron muchos años sin que las y los jóvenes comenzaran a recuperar sus espacios perdidos dentro de una sociedad conservadora.
A comienzos de los ’60, para ellos y ellas el crecimiento del nivel de vida parecía ilimitado. Efectivamente, desde la década anterior se había producido un aumento espectacular del consumo, convirtiéndose en un objetivo vital para alcanzar la felicidad individual. Dentro de este mundo dominado por el consumismo fue cuando se empezó a hablar de “cultura juvenil” (Avila, 2000: 27-45). El desarrollo de la economía de consumo necesitaba nuevos mercados y los jóvenes constituían un grupo privilegiado porque, además de tener pautas de comportamiento como grupo, disponían de su propio dinero en el bolsillo.
A partir de entonces se crea un modelo joven: una moda, una música, una literatura, unos lugares de encuentro, un lenguaje, una forma de viajar que, al final agruparon, relacionaron e identificaron a una generación.
Como fenómeno específico, en estos años, el acceso de las mujeres a las escuelas secundarias y, posteriormente, a la enseñanza universitaria motorizó nuevas inquietudes que produjeron experiencias novedosas para quienes participaban de ellas. Así también se integraron muchas mujeres jóvenes a los grupos rebeldes y contestatarios.
Sin embargo, como siempre, la libertad se decodificaba en torno al mundo masculino. La inclusión de un número cada vez mayor de jóvenes al sistema educativo superior fue un fenómeno mundial relacionado con las inversiones en enseñanza como la forma de impulsar el desarrollo de las economías nacionales. El nacimiento de una cultura joven y la masificación de las universidades provocaron la explosión juvenil de finales de los ‘60. Pero esta vez la disconformidad se hizo evidente a partir del cuerpo, el orgasmo, la sexualidad y la utilización de las píldoras anticonceptivas. De esta forma muchas mujeres jóvenes adoptaron consignas específicas, donde lo público y lo privado fue cuestionado como denuncia de una trampa: “Lo personal, también es político” (Millet, 1975) . A este segundo momento dentro del proceso emancipatorio de las mujeres se lo identifica en la bibliografía como la “segunda ola”.
De esta forma, existe consenso en considerar a la década del 60 como el momento del nacimiento de un “Nuevo Feminismo”. Pero también es cierto que en ese moemento histórico coinciden varios movimientos radicales o revolucionarios en Occidente: el movimiento estudiantil, el Poder Negro, y las luchas a favor de las minorías étnicas y las naciones del Tercer Mundo.
Emergencia y toma de conciencia en la Argentina
En Argentina, la caída del presidente Juan Domingo Perón, a mediados de los años `50, implicó el inicio de un período de casi 20 años de crisis política en la cual el movimiento político mayoritario, el peronismo, sufrió una interdicción política, lo que abrió camino hacia vías insurreccionales de acción política.
A su vez, en 1960 y 1961, se produjo el viraje de la Revolución Cubana, que se inició como un típico levantamiento democrático contra una dictadura corrupta y represiva pero, que en esos años declaró que deseaba constituir una república socialista a 60 millas de las costas estadounidenses. La revolución cubana apareció como una alternativa a las esclerosadas formaciones políticas de la izquierda tradicional que no atraían mayoritariamente a los sectores juveniles, lo que daría lugar al nacimiento de una nueva izquierda latinoamericana..
En particular, en la Argentina el movimiento fue creciendo en forma más bien larvada hasta el año 1969 cuando un levantamiento obrero y estudiantil en la segunda ciudad del país denominado “el Cordobazo”, dio cuenta de una dictadura conservadora y retrógrada encabezada por el General Juan Carlos Onganía.
Entre otros aspectos, “El Cordobazo”, fue también la expresión del malestar provocado por una sociedad opresiva y represora. En particular el “onganiato”, se ensañó con los jóvenes y las vanguardias artísticas quienes sufrían maltratos por usar el pelo largo o por vestirse informalmente. El clima de represión cultural alcanzaría extensiones nunca vistas ya que llegaron a suprimirse funciones de ópera debido a su contenido “indecente” del argumento como fue el caso de la la ópera Bomarzo del compositor argentino Alberto Ginastera que fue retirada de cartel en el teatro Colón. Para un gobierno que reivindicaba una cultura tradicionalista, las mujeres sólo podían estar en sus casas o en instituciones aprobadas por este consenso reaccionario. En este marco hicieron su aparición las primeras organizaciones feministas.
Antes de reseñar las actividades de estos grupos es conveniente tener presente sus objetivos y fuentes ideológicas.
Para estos primeros grupos, la influencia de elaboraciones teóricas que llegaban de Europa y EEUU, se amalgamó con necesidades propias que dieron lugar a la generación y desarrollo de grupos de reflexión sobre el tema de la Mujer. Las participantes buscaron los puntos en común de sus experiencias como mujeres, ya fueran amas de casa o profesionales, artistas o militantes políticas. La idea fue crear una “nueva conciencia”, es decir, encontrar factores unificadores, más allá de las diferencias ideológicas, de clase, de edad, entre otras. La dinámica fue la organización de grupos de autoconocimiento y concienciación sobre diversos temas: dependencia económica de la mujer, inseguridad, maternidad, celos, narcisismo, simulación y sexualidad. Para separarse de las agrupaciones de izquierda que hablaban de conscientización, palabra derivada de un verbo que tiene que ver con cambiar las cosas; los grupos de mujeres, prefirieron derivar la palabra del sustantivo, porque su intención era crear una conciencia (Calvera, 1990: 49). Al principio la actividad de los grupos de mujeres fue la de contar las experiencias personales ya que a producción escrita fue un objetivo posterior. Asimismo trabajaban en la traducción y lectura de material elaborado en los países centrales que circuló gracias a la cultura de la fotocopia. Con estas características se formaron varios agrupamientos con relativa inserción en sectores de la clase media.
En los años ‘60 las reuniones se hicieron en el marco de un grupo llamado: Movimiento de Liberación de Mujeres (MLM). En este horizonte participaron mujeres que integrarían la mayor parte de los agrupamientos posteriores.
Disuelto el MLM, en 1970 aparece la Unión Feminista Argentina (UFA), impulsada por un grupo de mujeres que ocuparían un lugar protagónico en todas las agrupaciones feministas posteriores: Nelly Bugallo, Leonor Calvera, Gabrielle Christeller y la cineasta María Luisa Bemberg, entre otras. En el momento de mayor desarrollo alcanzó a reunir alrededor de setenta integrantes. Este agrupamiento logró atraer también a mujeres militantes de grupos y partidos polìticos como fue el caso de una reunión realizada el 22 de agosto de 1972, el mismo día de los llamados “fusilamientos de Trelew” que fue un episodio polìtico en el cual se fusilaron presos políticos en una base de la armada argentina en la localidad del mismo nombre del sur argentino. El hecho se produjo luego de que un grupo importante de dirigentes políticos se fugaron de una cárcel de máxima seguridad ubicada en una ciudad cercana y, luego de secuestrar un avión, se escaparon a Chile, donde gobernada Salvador Allende.
Si bien la UFA fue numerosa y representativa de los diferentes sectores de mujeres, surgieron en su interior diferencias políticas inconciliables. En un clima de fuerte politización que circulaba por toda la sociedad, en 1973 sufrió una crisis interna, debida a la heterogeneidad ideológica de sus miembros y, a partir de la misma, se producen numerosas deserciones, subsistiendo un grupo muy reducido.
Entre las actividades públicas llevadas adelante por este grupo se puede citar un aparición pública, en respuesta a un decreto que prohibió la venta libre de anticonceptivos. En aquella oportunidad, la UFA repartió un volante cuyas exigencias eran: “No al embarazo no deseado... No a la esterilización forzosa... Por una maternidad consciente.”
Paralelamente a la UFA, apareció otro agrupamiento denominado Movimiento de Liberación Feminista (MLF). Fundado en 1972 y tomando como modelo a los movimientos feministas de EEUU y de Europa, alcanzó un tamaño de alrededor de veinte miembros. La pionera de esta organización fue María Elena Oddone, quién en 1973 editó la revista Persona, dirigida a la juventud y a la mujer, conteniendo temas de interés para ambos sectores, tales como: La Ley de Patria Potestad, Ley de Divorcio, la denuncia de arbitrariedades y violencia sobre la mujer.
Otro grupo que tuvo corta vida fue Nueva Mujer, nacido en 1970 y disuelto en 1972, cuyos objetivos se centraron en el estudio y discusión de trabajos teóricos de feministas europeas y norteamericanas. Sus integrantes, que representaban a un amplio espectro político, crearon una editorial, con el mismo nombre, y publicaron dos obras: Las mujeres dicen basta de varias autoras, entre ellas, Isabel Larguía, Peggy Morton y Mirta Henaud y el folleto La mitología de la femineidad, de Jorge Gissi. Como agrupación, Nueva Mujer formó parte de la UFA.
Con características similares, en 1974 mujeres que participaban también de otros agrupamientos conformaron el Frente de Lucha por la Mujer. Aquí confluyeron grupos feministas y asociaciones insertadas en partidos políticos.La instauración de la dictadura militar en marzo de 1976 condicionó las actividades de esta organización, que prácticamente desapareció. Este movimiento igual que UFA, se disolvió en 1976, pero en 1981 se reorganizó con el nombre de Organización Feminista Argentina (OFA), con parte de las integrantes originales.
En muchos casos se producían secesiones y reagrupamientos, tal fue el caso de ALMA, que en 1975 se constituyó con algunas integrantes del MLF y que tuvo una existencia efímera.
El auge de la militancia política que tuvo lugar entre fines de los años `60 y mediados de los `70 impulsó el surgimiento de grupos de mujeres que intentaron la construcción de un lugar propio dentro de sus respectivas agrupaciones políticas.
En el FIP (Frente de Izquierda Popular que era un grupo proveniente del del troztkismo, pero tomó una vertiente fuertemente nacionalista que pasó a denominarse “izquierda nacional”, hubo dos experiencias. La primera en 1974, cuando un grupos de militantes mujeres, se reunieron y formaron el Centro de Estudios Sociales de la Mujer Argentina (CESMA). Se pusieron a reflexionar sobre su situación dentro del partido, en su condición de mujeres. Rápidamente identificaron las postergaciones y discriminaciones de género que sufrían.
Esta toma de conciencia las llevó a funcionar como un grupo feminista autogestionario, esto es, sin direcciones, ni directivas. También notaron que la ausencia de hombres en sus reuniones fue un elemento que les permitió expresarse con libertad sin condiciones, ni temores. No obstante los logros, esta organización horizontal fue incompatible con las rígidas estructuras políticas partidarias. (Freeman Jo, 1977). Muchas de sus integrantes se alejaron del partido quedando sólo aquellas que podían sostener la doble militancia.
Nuevamente, en 1977, durante la dictadura militar, mujeres del FIP de la Corriente Nacional junto con otras sin militancia partidaria crearon la Agrupación de Mujeres Argentinas (AMA) y comenzaron a estudiar problemas que las afectaban directamente en su militancia por ser mujeres. Posteriormente cambiaron de nombre y pasaron a denominarse Asociación de Mujeres Alfonsina Storni (AMAS), con el propósito de mejorar la situación social de la mujer y su protagonismo para fortalecer el desarrollo socioeconómico del país y la paz. En ese año se formó también la agrupación de Mujeres Socialistas, ligada al Partido Socialista de los Trabajadores (PTS), partido político que provenía de la fusión de un grupo trotzkista escindido del Partido Revolucionario de los Trabajadores y restos del Partido Socialista de orientación socialdemócrata. También en este caso, por la fecha de constitución de este grupo, su militancia era clandestina o por lo menos, no pública.
Cuando las Organización de las Naciones Unidas eligió 1975 como Año Internacional de la Mujer, una intensa actividad se desarrolló agrupando a mujeres de diferentes partidos políticos y grupos feministas. Se planteó la realización de un gran acto central. Lamentablemente surgieron diferencias surgidas entre los grupos feministas y los grupos de mujeres que provenían de partidos políticas en torno a los temas de sexualidad y aborto. En efecto, las agrupaciones feministas planteaban la necesidad de incluir en el documento la discusión en torno a estos temas, mientras que las segundas preferían excluirlo por considerarlo excesivamente provocativo. Las tensiones aumentaron cuando las mujeres políticas comenzaron a reunirse separadamente.
El gobierno, cuya presidencia estaba ocupada por una mujer, María Estela Martínez de Perón, continuó en la misma línea y organizó un encuentro en el Centro Cultural del General San Martín, complejo teatral céntrico de la ciudad de Buenos Aires, sin la presencia de las feministas.
Evidentemente esta exclusión de las feministas tuvo que ver con directivas provenientes de las estructuras partidarias que las mujeres políticas aceptaron y llevaron adelante. Hay que tener presente que si bien presidido por una mujer, el gobierno de 1975 tenía un claro perfil reaccionario y represivo incluso en lo relativo a temas de género que, entre otras medidas, dispuso la prohibición de venta de anticonceptivos. No sería la primera vez ni la última en que las mujeres políticas priorizaron los mandatos partidarios patriarcales traicionando las reivindicaciones históricas del feminismo.
Esta situación de exclusión radicalizó la acción de las mujeres feministas que organizaron un frente de Lucha por la Mujer, donde confluyeron los diferentes grupos. Sus consignas giraron en torno a la Creación de Guarderías, la Patria Potestad compartida, la igualdad de oportunidades, la difusión y el uso de anticonceptivos, el aborto legal y gratuito, y la no discriminación de la madre soltera.
Indudablemente el movimiento de mujeres, tanto de aquellas que llevaban una doble militancia (política y feminista) como de las feministas puras, se vio fuertemente afectado por la sangrienta dictadura militar que se inició el 24 de marzo de 1976 y que perduró hasta el 10 de diciembre de 1983.
Hubo verdaderamente un antes y un después del golpe militar ya que la represión política e ideológica imperante impidió el libre intercambio de ideas. Los ámbitos se cerraron y de las discusiones en espacios públicos se pasó a los interiores de las casas.
A su vez, durante los años de la represión, surgiría un movimiento de mujeres no específicamente feminista, pero en el cual tendrían un importante protagonismo. Nos estamos refiriendo al movimiento de derechos humanos cuya agrupación emblemática fueron las “Madres de Plaza de Mayo”.
Este movimiento que es infaltable en toda historia de las mujeres de la Argentina no será analizado en este trabajo ya que si bien fue un movimiento genuinamente femenino no se inscribió dentro de las discusiones y los debates feministas del momento.
No obstante el clima de represión imperante podemos encontrar durante la dictadura algunas organizaciones que resisten y sostienen discusiones y reivindicaciones feministas.
En 1978 se constituyó en la provincia de Córdoba la Asociación Juana Manso, la misma continúa en actividad y realiza debates y tareas de difusión en destacadas instituciones de esa provincia.
En 1979, ligada a la Confederación Socialista Argentina agrupación política fundada en 1975 reuniendo a ex militantes del Partido Socialista de orientación socialdemócrata cuya principal dirigente era la Dra. Alicia Moreau de Justo, esposa del fundador del Partido Socialista en la Argentina, nació la Unión de Mujeres Socialistas (UMS), presidida por la Dra. Alicia Moreau de Justo. En su manifiesto inicial esta organización proclamó: “La constitución de la UMS se inserta en la lucha por la democracia y la emancipación de la mujer trabajadora Argentina. Esta lucha por la emancipación de la mujer está dirigida a enfrentar todas las opresiones sociales, la discriminación y el marginamiento. Es una lucha contra el sistema capitalista, pero también contra el patriarcado que es una de sus consecuencias”. Se concluye con llamado a las mujeres de todos los sectores sociales para difundir estos principios y para organizarse en torno a las banderas de la democracia, de la plena vigencia de los derechos humanos, de la liberación nacional y social de los argentinos”. (Archenti N, 1987: 29).
Los ochentas en la Argentina
Los años de la dictadura militar en Argentina con su cuota de sangre torcieron definitivamente la orientación política y económica de la Argentina. La apertura económica llevó a un proceso de desindustrialización que, unido a la represión gremial, generó un definitivo cambio en la correlación de fuerzas sociales. Como consecuencia de estas políticas se produjo un deterioro social y económico que no se revertiría durante los años de democracia que sobrevinieron.
El retroceso operado tendría su impacto en lo ideológico ya que los objetivos políticos se modificaron: si durante la década del ’70 se buscaba la transformación social y se desconfiaba de la democracia, los ’80 llevaron a la posposición de las reivindicaciones sociales y económicas y a una revalorización de los espacios democráticos.
Esta reorientación tendría un carácter contradictorio ya que si bien legitimó una derrota social que se tornó irreversible, también permitió una mayor apertura a perspectivas que darían un nuevo impulso al movimiento feminista.
De esta forma, a lo largo de los ‘80, se constituyeron un conjunto muy diverso de lugares para las mujeres, tanto desde el estado como desde grupos políticos y organizaciones diversas. Muchas de estos lugares tuvieron como integrantes fundadoras a feministas de los años ‘70. También reaparecieron en la escena argentina muchas mujeres exiliadas políticas que en otras latitudes adquirieron conciencia feminista.
Desde el punto de vista metodológico, el tipo de tareas realizadas por los diferentes grupos surgidos en esta etapa no fueron muy diferentes a los de la década anterior: talleres, grupos de reflexión y concienciación, grupos de lectura, difusión de sus actividades y tareas asistenciales. Es cierto que los nuevos grupos y organizaciones disponían de mayores medios económicos lo que permitió una ampliación y visibilización del alcance de estas actividades. Sin embargo, se fue perdiendo el rasgo esencialista que nucleó a las mujeres feministas de la década anterior.
En efecto, las mujeres de los ’70, tanto en los países centrales como su correlato en la Argentina, hicieron una mística de la feminidad. Estas tendencias radicales llevaron, en muchos casos, a pensar en una biología que podía interpretar el mundo y cambiarlo. Después de este primer efecto, se produjo un viraje hacia una reflexión orientada hacia lo político y lo institucional. Las acciones se dirigieron a obtener reformas en lo legislativo, modificar prácticas discriminatorias y promover acciones que tendieran a disminuir la condición de sometimiento de las mujeres. Claro que esta reorientación llevó muchas veces a que se perdiera el radicalismo original de la segunda ola.
Entre los ámbitos más importantes de los años ‘80 podemos nombrar a Lugar de Mujer (agosto de 1983), Asociación de Trabajo y Estudio sobre la Mujer, 25 de noviembre (1982, ATEM), Alternativa Feminista (ruptura de ATEM y se reagrupan en 1984), Líbera (formada en 1982 por un grupo de la OFA), Derechos iguales para la mujer argentina ( 1976 DIMA), Programa de investigación social sobre la mujer argentina (PRISMA), Tribunal de violencia contra la mujer (1984), Centro de estudios de la mujer ( 1979 CEM), Amas de casa del país (julio de 1982), Reunión de mujeres (marzo de 1982), Conciencia (agosto de 1982) y Asociación argentina de mujeres de carreras jurídicas (1982).
La democracia habilitó nuevos lugares y proyectos dentro del feminismo, algunas de estas organizaciones se agruparon en el Movimiento Feminista, creado en marzo de 1985: Lugar de Mujer, Alternativa Feminista, Tribunal de Violencia contra la Mujer, Prisma y el CEM, éste último aparece como adherente ya que mantiene una discusión interna sobre su autodenominación como “feminista”.
Otros grupos como ATEM, Reunión de mujeres, La Asociación Argentina de Mujeres de Carreras Jurídicas y Amas de Casa del País, participaron en la Multisectorial de la Mujer, creada en marzo de 1984 y formada por integrantes de organizaciones, no necesariamente representantes de las mismas, como mujeres militantes de partidos políticos, sindicatos, organizaciones de mujeres y amas de casa.
En el momento de su constitución la Multisectorial de la Mujer afirmaba que: ”Durante largos años de dictadura militar, donde la sociedad argentina fue destrozada por una furia represiva que generó miles de muertos y desaparecidos y dejó incontables hogares deshechos, con una política económica que sumió al país en la más grave crisis de su historia, porque destruyó el aparato productivo, desquició el sistema financiero, cerró fuentes de trabajo y condenó al hambre y a la distribución a miles de niños, la mujer, en todos los aspectos de su misión familiar y social, fue quién sufrió más el impacto de la expoliación y el horror. El número de mujeres desocupadas es mayor que el de los hombres, los ingresos femeninos son inferiores a los masculinos en las mismas actividades; en general las mujeres ocupan cargos de menor calificación que los varones.” (Archenti, N: 1987).
En marzo de 1985 se creó Movimiento Feminista, en ocasión de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, que agrupaba a diferentes grupos feministas y mujeres independientes.
Los grupos que lo integraban eran los siguientes: Alternativa Feminista, Lugar de mujer, Libera, Programa de Investigación Social sobre la Mujer Argentina (PRISMA), Tribunal de violencia contra la mujer y personas independientes, el centro de estudios de la Mujer (CEM) figuraba como adherente.
Si comparamos los siete puntos que la Multisectorial reclamaba en 1984 con los doce puntos de 1985 es posible observar un proceso de politización y radicalización en esta última organización. En 1985 se incluye el reclamo por el divorcio vincular, tema que había sido excluido en 1984 debido a la participación de la Democracia Cristiana en la organización. Asimismo se incluyen los reclamos de los organismos defensores de derechos Humanos y de las Amas de Casa del País. En suma, las principales diferencias entre ambas organizaciones pasaron, por un mayor compromiso político de la Multisectorial con los problemas de la actualidad nacional y por su defensa de los Derechos Humanos.
Otras organizaciones con diferentes proyectos surgen en escena como la revista Feminaria y la inauguración de una Librería de las Mujeres, destinada a difundir publicaciones feministas y trabajos relativos al género.
También fuera del ámbito de la Ciudad de Buenos Aires surgieron organizaciones.
En Quilmes, localidad del conurbano bonaerense, se abrió una casa vinculada al trabajo en barrios populares: la Casa de la Mujer “María Luisa Martinez”, nombre de una partera desaparecida durante la dictadura militar. Realizaron encuentros de mujeres de la zona, trabajaron en talleres sobre sexualidad y colaboraron en la organización barrial de las mujeres frente a la crisis.
En Córdoba, en 1985, surgió el Centro de Acción de la Mujer (CAM), vinculado a la actividad barrial y publicó folletos con el nombre “Descubriéndonos” referidos a la reflexión de la situación de las mujeres.
En La Plata, capital de la Provincia de Buenos Aires, se reunió en 1989 un grupo de estudio, reflexión y difusión de ideas, que tomó el nombre de “Azucena Villaflor”, la primera presidenta de Madres de Plaza de Mayo, detenida y desaparecida en 1977.
Por la misma época en Rosario, Provincia de Santa Fe, se formó el Instituto de Estudios Jurídico-Sociales de la Mujer (INDESO) que comienza a trabajar con asesoría legal, creó una biblioteca-hemeroteca de la Mujer, publicó folletos de difusión sobre diversos temas con el nombre de “La Chancleta” y también editó los cuadernos de divulgación que incluyen investigaciones e información específica sobre temas de mujeres. (Bellotti M. : 2002)
Como ya dijimos, si bien con mayor amplitud, en la faz organizativa las actividades de las mujeres feministas de los ‘80 fueron una prolongación de las de los ‘70. Sin embargo, a partir de 1987 con la creación del primer espacio estatal, la Subsecretaría de la Mujer, se inició una nueva etapa de intercambio con el estado. La dinámica “feminismo-estado o feminismo-movimiento de mujeres-estado”, fue variando a lo largo de las diferentes administraciones: la radical hasta 1989 y la peronista menemista hasta 1999 (Chejter, S.: 1996).
A fines de los ’80 con los aportes de la categoría de Género proveniente del campo académico se inicia una nueva etapa para el movimiento de mujeres y el feminismo. Pensemos que hasta la iglesia católica, tradicional adversaria del movimiento feminista, terminaría adoptando la categoría de género en muchos de sus discursos. La problemática de la mujer se instaló como tema en la Argentina. Así surgieron organismos estatales de distinto nivel (nacionales, provinciales y municipales) específicos para el tratamiento de temas de mujeres.
También es cierto que se produjeron avances en lo legislativo como la instauración del divorcio vincular, la patria potestad compartida y la equiparación de los hijos matrimoniales y extramatrimoniales, la ley de salud reproductiva. Posteriormente existirían leyes de equiparación como el establecimiento de una ley de cupo mínimo de mujeres en las listas electorales para las cámaras legislativas.
Dentro de la sociedad civil y con el aporte y financiamiento internacional aparecieron organizaciones no gubernamentales (ONG) con diferente tipo de impacto dentro del campo social.
Estos avances muchas veces han hecho creer que el sometimiento de las mujeres está superado o que falta un tramo muy corto para alcanzar una efectiva igualdad.
Sin embargo, subsisten en la Argentina aberrantes desigualdades de género. Si bien el terreno legislativo se han dictado leyes en este sentido, su aplicación no corre con la misma velocidad. El cupo femenino es burlado en la práctica, muchas mujeres sufren violencia familiar, muchas violaciones siguen sin denunciarse, la trata de prostitutas infantiles se ha incrementado notablemente, en muchas provincias la ley de salud reproductiva es un texto sin aplicación y no hay despenalización para ningún tipo de aborto.
Esta lucha ideológica y política es una tarea pendiente para las nuevas generaciones feministas que se debe encarar sin dejar de lado las duras experiencias de las pioneras de la segunda ola en la Argentina que levantaron sus posiciones frente a una sociedad hostil e indiferente.

Presentado en:
I Jornadas de Reflexión
Historia, Género y Política en los 70
Eje 1: Espacios de Lucha y militancia.

Instituto Interdisciplinario de estudios de Género. (UBA).


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